Reformismo para la Reparación Nacional.
Cumplo en subir la nota que mandó Amalia, después la comentamos en la reunión.
Reformismo para la Reparación Nacional.
La democracia es la solución del amplio y complejo problema de gobierno por cuanto intenta la tarea de ensamblar exigencias de una civilización complicada para conciliar el orden de sus libertades. Va modificando sus perfiles, va acondicionándose al ambiente social, va siendo la realizadora de las cosas que hacen al progreso de la humanidad. Es una forma de vida. En la Democracia los gobiernos no pueden hacerse permanente sin destruirse a sí mismos. Se eligen hombres y los mandatarios, y deben ser sustituidos por más que valgan, por más favores que hayan hecho a la República; porque los demócratas sabemos que la continuación del mando es la principal relajación del concepto democrático. Los mandatarios de gobiernos democráticos no pueden hacerse permanentes sin destruir la democracia, mientras que el dictador no puede dejar el poder, sin destruir la dictadura.
El Estado no es la sociedad o comunidad, sino la organización política de ésta; sólo en la democracia se hace esta distinción con el fundamento de un sistema político, porque se sostiene que el Estado es una forma de organización de la comunidad para ciertos fines de la misma, y no para todos. Si no fuera así desaparecería la libre expresión de las ideas y el mejoramiento del medio social en que se vive. En definitiva, el Estado Legítimo, Democrático hace del gobierno un servidor y del pueblo un señor y el Estado totalitario hace del pueblo un servidor y del gobierno un amo.
Actividad Reformista, para la Reparación. Consolidación de las instituciones justas con legitimidad. Seguridad de la Legalidad. La miopía histórica y política del pensamiento reaccionario y sus típicos reduccionismos achica el abanico de caminos a un callejón sin salida; a esto se contrapone la corriente por el nuevo humanismo que propiciamos. Según Ortega la bancarrota de la razón, anuncia el ocaso del espíritu revolucionario, hijo del racionalismo europeo. La gran proveedora de utopías y proyectos revolucionarios, la razón, ha encarnado en la vida y se ha vuelta razón histórica o vital: es tiempo y no construcción intemporal. No se cree que se haya equivocado y asombra su agudeza: se necesitaba una extraordinaria perspicacia para haber adivinado, en pleno apogeo del milenarismo bolchevique, la situación de la Europa actual. Pareciera que la época actual, para algunos el postmodernismo, donde reina la indiferencia y el descreimiento, es la época de ausencia de fundamentos, puesto que en esa ausencia consiste su nuevo principio: su razón vital e histórica es mero cambio, sin que el pensador nos diga la razón y los modos que asume el cambio; no se debe caer en el error de encontrar el fundamento en la dialéctica (verdadera razón histórica, único método que da cuenta de la sociedad, sus cambios y sus relaciones: en el interior de sí misma y las otras sociedades no históricas, primitivas o marginales). Tampoco podemos rendirnos ante el presente como si la historia hubiese llegado a su fin. Pero la razón histórica no da cuenta del hombre concreto, hay una parte del “yo” dice Sastre, irreductible a las determinaciones de la historia y sus clases. No es eso todo: la dialéctica no se explica así misma, no constituye su fundamento; apenas se constituye, se divide. La crítica a la razón histórica pertinente, es que si hay una oposición fundamental entre la razón dialéctica y analítica, una de las dos debe ser menos racional, puesto que la segunda es el fundamento de las ciencias exactas ¿qué clase de razón será la dialéctica? La otra alternativa es igualmente contradictoria: si la dialéctica es razón, su fundamento no puede ser otro que la razón analítica aplicable a las ciencias blandas?). Para Lèvi Strauss (antropólogo francés) la diferencia entre las dos razones pertenece a la categoría de oposición complementaria: la razón dialéctica no es otra cosa que la analítica y, al mismo tiempo, es aquello que le permite a esta última comprender a la sociedad y a sus cambios, instituciones y representantes. La crítica es justa a medias: revela una de las tantas contradicciones de Sastre, pero no la trasciende. ¿Cuál es el fundamento de ese nuevo elemento que aparece en la razón analítica cuando se transforma en dialéctica? Razón vital y razón dialéctica son razones en busca permanente de un principio de razón suficiente, que se contrapone a la fuerza, insta Octavio Paz.
Ortega estudió al reformista como figura antitética del revolucionario, Sartre al rebelde. El Revolucionario quiere destruir el orden imperante e implantar otro, más justo; el rebelde se levanta contra los excesos del poder. El revolucionario quiere cambiar los usos; el reformista quiere corregir los abusos (ejemplo argentino proyectado a la humanidad el de la Reforma Universitaria del `18). El punto de partidas es semejante, no las conclusiones. La rebeldía es un homenaje paradójico al poder, equivale a demostrar que la regla revolucionaria es universal, y que la revuelta una querella intima. El rebelde es un pilar del poder (el piquetero institucionalizado).Tres tipos de activismo o militancia no oficialista en la Argentina de hoy: el progreso (muy distinto a sus autoabanderados “pogres del gobierno, similares a una pequeña patota de engrupidos arribistas sin ideología”), lo situamos en el pensamiento nacional democrático, por la construcción de un nuevo humanismo, donde se preserven las individualidades, se tiendan puentes mediante el diálogo y se llegue al encuentro para que sea descubierto el ser humano, de manera que la vida sea un proyecto viable, tomando al hombre como punto de partida y destinatario del Estado. Progresista también se es en la vida privada, aunque preferimos superar el término por uno más acorde a los tiempos, “Humanismo”, como en su desarrollo en la íntegra libertad individual, como en la sociedad. Con interactuación e interdependencia para conformar la unión soberana, a partir de la autonomía y autenticidad de cada miembro componente. Muy distinto a lograr confusión y la masa, la moldeable, modelable unidad tan afín a los autoritarismos, populismos exclusivistas y las corporaciones demagogas de la democracia funcional. Como los célebres universitarios cordobeses que desafiaron a toda una época, redefiniendo y sentando las bases para una educación y una hora americana, demostrando que había otro camino (aun no transitado), muchos jóvenes argentinos encausamos la Reparación Nacional por la senda del reformismo. Para que la justicia vaya en la misma senda que el Derecho, y se terminen sus abusos, y nadie nunca pueda quejarse del exceso de justicia, valor-virtud supremo de cohesión humana y social, para entre otros consolidar las instituciones. El camino de la militancia reformista es el de la defensa de las sacrosantas instituciones y su espíritu como a la Constitución Nacional, en la conquista de la concreción de su Proyecto político, matriz de todas las políticas de Estado, un Estado Promotor, que sea Legítimo. Por ello concebimos al sistema democrático a través de los partidos políticos, y por ende propiciamos una Reforma Electoral (por sobre la política que además debe calificar las penas de los funcionarios públicos, lejos de igualarlas con las figuras de robos y hurtos en gran parte excarcelables bajo el pago de la fianza, lograda con los recursos producto de la defraudación, a la vez del negativo impacto sobre la actividad política que el reformismo concibe con la naturaleza de alternativa y provisoria para ser promisoria), como en 1912, con respeto consiguiente a las minorías, y Política para comenzar la democratización desde sus entrañas con mayor intensidad de participación, para lograr el relevo necesario y ejecutar nuestro Proyecto Nacional en el marco de la Legalidad por todos ponderada.
La puesta en escena de la Reparación Nacional, se debe dar con actividad política conducente y una juventud con la obligación de ver, comparar y luchar, porque de lo contrario la quietud no será computada como un acto de omisión, sino como acción al servicio de quienes necesitan de su indiferencia para utilizarla sin resistencia.
Por el contrario, Hanna Arendt insta que “el poder brota de la capacidad humana, no de actuar o hacer algo, sino de concertarse con los demás para actuar de común acuerdo”, y en eso estamos, para imaginar un futuro con porvenir, en lugar de aceptarlo servilmente, con nuestras razones suficientes, que son más efectivas que la fuerza bruta, que para imponerse debe asociarse a la violencia material o moral
Ricardo Ferrer Picado
Reformismo para la Reparación Nacional.
La democracia es la solución del amplio y complejo problema de gobierno por cuanto intenta la tarea de ensamblar exigencias de una civilización complicada para conciliar el orden de sus libertades. Va modificando sus perfiles, va acondicionándose al ambiente social, va siendo la realizadora de las cosas que hacen al progreso de la humanidad. Es una forma de vida. En la Democracia los gobiernos no pueden hacerse permanente sin destruirse a sí mismos. Se eligen hombres y los mandatarios, y deben ser sustituidos por más que valgan, por más favores que hayan hecho a la República; porque los demócratas sabemos que la continuación del mando es la principal relajación del concepto democrático. Los mandatarios de gobiernos democráticos no pueden hacerse permanentes sin destruir la democracia, mientras que el dictador no puede dejar el poder, sin destruir la dictadura.
El Estado no es la sociedad o comunidad, sino la organización política de ésta; sólo en la democracia se hace esta distinción con el fundamento de un sistema político, porque se sostiene que el Estado es una forma de organización de la comunidad para ciertos fines de la misma, y no para todos. Si no fuera así desaparecería la libre expresión de las ideas y el mejoramiento del medio social en que se vive. En definitiva, el Estado Legítimo, Democrático hace del gobierno un servidor y del pueblo un señor y el Estado totalitario hace del pueblo un servidor y del gobierno un amo.
Actividad Reformista, para la Reparación. Consolidación de las instituciones justas con legitimidad. Seguridad de la Legalidad. La miopía histórica y política del pensamiento reaccionario y sus típicos reduccionismos achica el abanico de caminos a un callejón sin salida; a esto se contrapone la corriente por el nuevo humanismo que propiciamos. Según Ortega la bancarrota de la razón, anuncia el ocaso del espíritu revolucionario, hijo del racionalismo europeo. La gran proveedora de utopías y proyectos revolucionarios, la razón, ha encarnado en la vida y se ha vuelta razón histórica o vital: es tiempo y no construcción intemporal. No se cree que se haya equivocado y asombra su agudeza: se necesitaba una extraordinaria perspicacia para haber adivinado, en pleno apogeo del milenarismo bolchevique, la situación de la Europa actual. Pareciera que la época actual, para algunos el postmodernismo, donde reina la indiferencia y el descreimiento, es la época de ausencia de fundamentos, puesto que en esa ausencia consiste su nuevo principio: su razón vital e histórica es mero cambio, sin que el pensador nos diga la razón y los modos que asume el cambio; no se debe caer en el error de encontrar el fundamento en la dialéctica (verdadera razón histórica, único método que da cuenta de la sociedad, sus cambios y sus relaciones: en el interior de sí misma y las otras sociedades no históricas, primitivas o marginales). Tampoco podemos rendirnos ante el presente como si la historia hubiese llegado a su fin. Pero la razón histórica no da cuenta del hombre concreto, hay una parte del “yo” dice Sastre, irreductible a las determinaciones de la historia y sus clases. No es eso todo: la dialéctica no se explica así misma, no constituye su fundamento; apenas se constituye, se divide. La crítica a la razón histórica pertinente, es que si hay una oposición fundamental entre la razón dialéctica y analítica, una de las dos debe ser menos racional, puesto que la segunda es el fundamento de las ciencias exactas ¿qué clase de razón será la dialéctica? La otra alternativa es igualmente contradictoria: si la dialéctica es razón, su fundamento no puede ser otro que la razón analítica aplicable a las ciencias blandas?). Para Lèvi Strauss (antropólogo francés) la diferencia entre las dos razones pertenece a la categoría de oposición complementaria: la razón dialéctica no es otra cosa que la analítica y, al mismo tiempo, es aquello que le permite a esta última comprender a la sociedad y a sus cambios, instituciones y representantes. La crítica es justa a medias: revela una de las tantas contradicciones de Sastre, pero no la trasciende. ¿Cuál es el fundamento de ese nuevo elemento que aparece en la razón analítica cuando se transforma en dialéctica? Razón vital y razón dialéctica son razones en busca permanente de un principio de razón suficiente, que se contrapone a la fuerza, insta Octavio Paz.
Ortega estudió al reformista como figura antitética del revolucionario, Sartre al rebelde. El Revolucionario quiere destruir el orden imperante e implantar otro, más justo; el rebelde se levanta contra los excesos del poder. El revolucionario quiere cambiar los usos; el reformista quiere corregir los abusos (ejemplo argentino proyectado a la humanidad el de la Reforma Universitaria del `18). El punto de partidas es semejante, no las conclusiones. La rebeldía es un homenaje paradójico al poder, equivale a demostrar que la regla revolucionaria es universal, y que la revuelta una querella intima. El rebelde es un pilar del poder (el piquetero institucionalizado).Tres tipos de activismo o militancia no oficialista en la Argentina de hoy: el progreso (muy distinto a sus autoabanderados “pogres del gobierno, similares a una pequeña patota de engrupidos arribistas sin ideología”), lo situamos en el pensamiento nacional democrático, por la construcción de un nuevo humanismo, donde se preserven las individualidades, se tiendan puentes mediante el diálogo y se llegue al encuentro para que sea descubierto el ser humano, de manera que la vida sea un proyecto viable, tomando al hombre como punto de partida y destinatario del Estado. Progresista también se es en la vida privada, aunque preferimos superar el término por uno más acorde a los tiempos, “Humanismo”, como en su desarrollo en la íntegra libertad individual, como en la sociedad. Con interactuación e interdependencia para conformar la unión soberana, a partir de la autonomía y autenticidad de cada miembro componente. Muy distinto a lograr confusión y la masa, la moldeable, modelable unidad tan afín a los autoritarismos, populismos exclusivistas y las corporaciones demagogas de la democracia funcional. Como los célebres universitarios cordobeses que desafiaron a toda una época, redefiniendo y sentando las bases para una educación y una hora americana, demostrando que había otro camino (aun no transitado), muchos jóvenes argentinos encausamos la Reparación Nacional por la senda del reformismo. Para que la justicia vaya en la misma senda que el Derecho, y se terminen sus abusos, y nadie nunca pueda quejarse del exceso de justicia, valor-virtud supremo de cohesión humana y social, para entre otros consolidar las instituciones. El camino de la militancia reformista es el de la defensa de las sacrosantas instituciones y su espíritu como a la Constitución Nacional, en la conquista de la concreción de su Proyecto político, matriz de todas las políticas de Estado, un Estado Promotor, que sea Legítimo. Por ello concebimos al sistema democrático a través de los partidos políticos, y por ende propiciamos una Reforma Electoral (por sobre la política que además debe calificar las penas de los funcionarios públicos, lejos de igualarlas con las figuras de robos y hurtos en gran parte excarcelables bajo el pago de la fianza, lograda con los recursos producto de la defraudación, a la vez del negativo impacto sobre la actividad política que el reformismo concibe con la naturaleza de alternativa y provisoria para ser promisoria), como en 1912, con respeto consiguiente a las minorías, y Política para comenzar la democratización desde sus entrañas con mayor intensidad de participación, para lograr el relevo necesario y ejecutar nuestro Proyecto Nacional en el marco de la Legalidad por todos ponderada.
La puesta en escena de la Reparación Nacional, se debe dar con actividad política conducente y una juventud con la obligación de ver, comparar y luchar, porque de lo contrario la quietud no será computada como un acto de omisión, sino como acción al servicio de quienes necesitan de su indiferencia para utilizarla sin resistencia.
Por el contrario, Hanna Arendt insta que “el poder brota de la capacidad humana, no de actuar o hacer algo, sino de concertarse con los demás para actuar de común acuerdo”, y en eso estamos, para imaginar un futuro con porvenir, en lugar de aceptarlo servilmente, con nuestras razones suficientes, que son más efectivas que la fuerza bruta, que para imponerse debe asociarse a la violencia material o moral
Ricardo Ferrer Picado

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