Laureles
Tiene destino de tacho de basura pero creo que puede entrar en la página de los chistes para desmomificar un poco.
Laureles
“Lo que no averiguan los tratadistas más obstinados, ni podrían aislar los científicos, suele pasearse con la verdad de la evidencia por el refranero popular. Los laureles duermen. Su poder soporífero nubla la vista, cierra los oídos y por último, provoca el desgobierno del sueño.
Nuestro concejo deliberante consiente a una mayoría integrada por adláteres de Alak, ex aliados de Alak y nuevos aliados de Alak. También por cuatro concejales del Ari que son quienes se la pasan clamando que el rey está desnudo. Pero la obsecuencia que traen los laureles, está dicho, es un somnífero capaz de dormir al imperio romano.
El SUT arranca quejidos a los platenses desde hace cinco años, y sigue tañendo, el sistema de recolección alienta el chillido de las ratas y las inundaciones aportan suspiros de desaliento a la sinfonía macabra, pero solo son arrullos para el que está dormido”.
Así explicaba un amigo la incuria en que está hundida la ciudad.
Otro se obstinaba en que solo se trata de una banda de ladrones sin color, que se prueban la camiseta de turno con tal de no sacar el culo del sillón, y les importa un comino de lo qué pase afuera mientras tengan la vaca atada a los planes sociales y la mano en la bolsa.
Nadie supo de quiénes hablaba, pero un tercero, enseguida descalificó su larga lista de razones por poco poéticas. En verdad no podían competir con su propia explicación. “Alak es una interjección del idioma ruso- explicó- se puede traducir por “Oh”, o “Por Dios”, si quieren y es por eso que cuando la gente se queja, el tipo cree que lo vitorean, tan simple como eso”. Alguno se apuró a notar que de ser así, el fulano sería más popular que Julio César.
Más popular- concedió el tercero- que césar triunfante, entrando a Roma después de la guerra de las Galias. Poco antes de dormirse en los laureles.
Laureles
“Lo que no averiguan los tratadistas más obstinados, ni podrían aislar los científicos, suele pasearse con la verdad de la evidencia por el refranero popular. Los laureles duermen. Su poder soporífero nubla la vista, cierra los oídos y por último, provoca el desgobierno del sueño.
Nuestro concejo deliberante consiente a una mayoría integrada por adláteres de Alak, ex aliados de Alak y nuevos aliados de Alak. También por cuatro concejales del Ari que son quienes se la pasan clamando que el rey está desnudo. Pero la obsecuencia que traen los laureles, está dicho, es un somnífero capaz de dormir al imperio romano.
El SUT arranca quejidos a los platenses desde hace cinco años, y sigue tañendo, el sistema de recolección alienta el chillido de las ratas y las inundaciones aportan suspiros de desaliento a la sinfonía macabra, pero solo son arrullos para el que está dormido”.
Así explicaba un amigo la incuria en que está hundida la ciudad.
Otro se obstinaba en que solo se trata de una banda de ladrones sin color, que se prueban la camiseta de turno con tal de no sacar el culo del sillón, y les importa un comino de lo qué pase afuera mientras tengan la vaca atada a los planes sociales y la mano en la bolsa.
Nadie supo de quiénes hablaba, pero un tercero, enseguida descalificó su larga lista de razones por poco poéticas. En verdad no podían competir con su propia explicación. “Alak es una interjección del idioma ruso- explicó- se puede traducir por “Oh”, o “Por Dios”, si quieren y es por eso que cuando la gente se queja, el tipo cree que lo vitorean, tan simple como eso”. Alguno se apuró a notar que de ser así, el fulano sería más popular que Julio César.
Más popular- concedió el tercero- que césar triunfante, entrando a Roma después de la guerra de las Galias. Poco antes de dormirse en los laureles.

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