Sueños
En uno de los peores cuentos de Borges, se narra cómo un hombre sueña a su hijo y le da vida mediante el sueño. En uno de los peores "cuentos" de Alak, La Plata es una ciudad soñada.
El participio intenta contagiar alguna distinción y el prestigio de Julio Verne, el presunto soñador, a una ciudad que nació bajo designios más prosaicos, como capital administrativa de la provincia. Y oculta algo más importante: que nuestra ciudad fue planificada.
Hijos del caos creativo del sueño que invoca el intendente, en cambio, son los barrios que en los últimos tiempos fueron desordenándosele alrededor, hasta envolver el trazado geométrico original en un manotazo de conurbano.
Como en el cuento de Borges, en que el soñador descubre con horror que también ha sido soñado por otro, Alak podría reconocerse como un sueño de Duhalde, de Menem, de la explotación de la indigencia, de la impunidad, del clientelismo.
Lo seguro es que en cada fangal, en cada calle mal trazada, en cada plaza faltante, cada basurero a cielo abierto, la periferia sueña con planificación y mantenimiento.
No estaría bien abusar de simetrías y correspondencias demasiado fáciles. Se sabe que Borges las detestaba. Y es seguro que no conocía de la existencia de Alak o la periferia platense cuando tituló a su cuento Las ruinas circulares.
El participio intenta contagiar alguna distinción y el prestigio de Julio Verne, el presunto soñador, a una ciudad que nació bajo designios más prosaicos, como capital administrativa de la provincia. Y oculta algo más importante: que nuestra ciudad fue planificada.
Hijos del caos creativo del sueño que invoca el intendente, en cambio, son los barrios que en los últimos tiempos fueron desordenándosele alrededor, hasta envolver el trazado geométrico original en un manotazo de conurbano.
Como en el cuento de Borges, en que el soñador descubre con horror que también ha sido soñado por otro, Alak podría reconocerse como un sueño de Duhalde, de Menem, de la explotación de la indigencia, de la impunidad, del clientelismo.
Lo seguro es que en cada fangal, en cada calle mal trazada, en cada plaza faltante, cada basurero a cielo abierto, la periferia sueña con planificación y mantenimiento.
No estaría bien abusar de simetrías y correspondencias demasiado fáciles. Se sabe que Borges las detestaba. Y es seguro que no conocía de la existencia de Alak o la periferia platense cuando tituló a su cuento Las ruinas circulares.

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